Beato Salvador Huerta Gutiérrez

Publicado el octubre 22, 2011 » Categoría: Yo lo conocí |

“Estudió hasta la secundaria y después se metió a la escuela técnica en ferrocarriles, como aprendiz, porque en aquel tiempo aún no había escuelas así de formales como ahora, estuvo también trabajando con unos alemanes que le enseñaron mucho de lo que él sabía”.

Testimonio de su hijo Eduardo

“Que yo sepa sólo tuvo una sola y única novia que fue mi tía Adelina, la conoció desde muy chico y como que se enamoró de ella… Su matrimonio fue una maravilla… Como que se adivinaban el pensamiento; se trataban con mucho respeto. Nunca los vi pelearse o estar enojados. Tuvieron diez hijos”.

Testimonio de su sobrino José Huerta

“Durante toda su vida de casado su esposa fue todo para él; en ella tenía su cariño, su confianza, su realización. De lo que supe fueron una pareja de las pocas que de verdad coinciden y se entienden”.

Testimonio de su hijo Eduardo

“Adelina era muy guapa, una gran mujer. ÉL vivía para ella y sus hijos; no tenía más ojos que para ellos […].  Se querían mucho. Todos los comentarios que él hacía de ella siempre fueron muy positivos”.

José Cruz Gutiérrez.

“Él fue sencillo, humilde, nada tenía de presumido o creído. Él sabía que tenía uno de los mejores talleres de Guadalajara, y gran clientela y a todos trataba igual, con sencillez, optimismo…”.

Testimonio de su sobrino José

“Se dedicaba a la mecánica; todos sus clientes lo querían mucho por su trabajo, por su responsabilidad y sobre todo por su honestidad. Nunca que haya sabido se aprovechó de los clientes cobrándoles más de lo debido, siempre lo justo”.

Testimonio de su sobrino Manuel

“Siempre ayudaba a quien llegaba y pedía ayuda, nunca se le negaba nada y siempre salía con algo. Algunas veces nos daba algo más de lo que ganábamos. Nos preguntaba sobre nuestra  familia; nos daba consejos; era más que un patrón para nosotros, como un padre y así lo veíamos”.

José Cruz Gutiérrez.

“Casi siempre nos estimulaba y decía: ‘Claro que tú puedes’. Era muy entusiasta. Ayudó mucho a sus trabajadores y a sus familias”.

Varios testigos

“Era alegre, muy amable, le gustaba mucho convivir con su familia. Los domingos íbamos a día de campo, y no sólo nosotros sino mis tíos y mis primos también. Ahí se dedicaba de lleno a sus hijos: jugaba y se divertía mucho con ellos. Su hermano Ezequiel fue su más grande amigo”.

Testimonio de su hijo Eduardo

“Dios era todo para él. Su ejemplo, su testimonio, su vida misma era un modelo de la amistad que tenía para con Dios, su relación con Dios por medio de la Adoración Nocturna. Su devoción a la santa misa, al rosario, sus primeros nueve viernes de cada mes y su misma entrega por defender a su Dios y a las cosas de la religión nos dan una lección de cómo es posible llegar a amar a Dios”.

Testigo

“’Vamos a visitar a nuestro Señor unos minutos’. Se acercaba a mi oído y me pedía le pidiera a nuestro Señor que me hiciera bueno, inteligente en lo que yo hiciera del trabajo o carrera y santo, pero principalmente más que todo y sobre todo el ser humilde”.

Testimonio de su hijo Salvador

“Era de carácter recio, fuerte, muy decidido en sus determinaciones, noble, alegre, un poco introvertido, dedicado mucho a su trabajo… Leía muchos libros sobre la vida de los santos. Él nos sentaba a su alrededor y nos leía algún libro religioso, traía a diario su escapulario de la Virgen del Carmen; yo tengo aún ese escapulario manchado de sangre”.

Testimonio de su hija María Guadalupe

“Siempre nos decía a todos nosotros que amaramos a Dios sobre todas las cosas, a todos nos enseñó la siguiente oración: ‘Señor, hazme sabio, santo y humilde de corazón’. Siempre aceptó la voluntad de Dios en todos los momentos de su vida, tenía la costumbre de hacer sus cosas platicando con Dios”.

Testimonio de sus hijos

“Dos días antes (de su martirio) comentó con mi madre su posible muerte y le dijo que si lo fusilaban  sería con sus zapatos nuevos. Era guadalupano a morir.  Y dijo que si algún día lo mataban se abriría la camisa y les iba a decir que le tiraran a ese corazón que tanto había amado a su Cristo Rey, cosa que lo repitió el día de su martirio”.

Testimonio de uno de sus hijos

“Don Salvador jamás pactó con sus enemigos ni abdicó de su fe. Antes todo lo contrario, dio una muestra de fe, de solidez en sus convicciones de forma extraordinaria. Él habría podido renunciar a su fe y quedar libre, pero saliendo de él jamás […] Don Salvador era de una voluntad a toda prueba”.

Testigo

“El fusilamiento lo llevaron a cabo en el panteón Mezquitán, entrando a la mano derecha, el 3 de abril de 1927. El primero en ser fusilado fue su hermano Ezequiel, después pasó él, quien le pidió la vela a quien cuidaba el cementerio, se rasgó la camisa y dijo estas palabras: ‘Me descubro ante ti, hermano, porque ya eres mártir’ y dirigiéndose al pelotón de soldados les dijo: ‘Os pongo esta vela en mi corazón para que no falléis de darle a este corazón que tanto ha amado a su Señor Dios’, y alcanzó a gritar: ‘¡Viva Cristo Rey!’”.

Testigo

“Yo creo que fue mártir desde el momento de su muerte y así lo consideramos todos. La Iglesia, las autoridades, bueno, hasta los mismos militares a quienes les arreglaba sus carros, ya que ellos supieron de su muerte, ellos mismos llegaron a comentar que el Maestro Huerta había sido un hombre de palabras y de mucha fidelidad a sus creencias”.

Varios testigos


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