Beato José Sánchez del Río, Laico. Mártir

Publicado el octubre 22, 2011 » Categoría: Yo lo conocí |

“Mi hermana mayor, Angelina, me contaba que José era un muchacho muy inquieto, que iba mucho a mi casa y nos hacía travesuras. Era sano, muy activo”.

Un amigo de infancia.

“Conocí a José desde que era niño, vivía al otro lado de mi casa… el agua era muy escaza, y de aquí (del pozo), la sacaba con carrillo. No era malcriado, ya había hecho su primera comunión”.

Un vecino de la infancia.

“Era un chico como todos, no era ni más ni menos. Jugaba a los juegos que todos jugábamos; éramos muy piadosos; él era valiente; era un muchacho fuerte, sano y de carácter agradable, de tez morena clara”.

Testigo.

“¿De dónde sacó tanta gallardía este niño, inocente como Tarsicio, y valiente como Sebastián? La resolución de marcharse a la lucha brotó de su peregrinaje a la tumba de Anacleto González Flores. Le pidió ser mártir como él”.

Testigo.

“José siguió escribiendo para solicitar su admisión a algunos jefes cristero. Nada logró hacer mella en él, al contrario, parecía que cada dificultad que le presentaban le daba más tenacidad para insistir en su deseo. Hasta que venció al amor paterno y le dieron la bendición”.

Testigo.

“Era sumamente chico […], por lo que el general Ignacio Sánchez Ramírez no lo admitió dentro de la tropa cristera”.

Testigo.

“Sé que José les pidió la bendición a sus papás para irse con los cristeros, al dársela le preguntaron a qué iba si estaba tan chico y les contestó que al menos podía cuidar el caballo del general y llevar la bandera. José les dijo que iba a defender a Cristo Rey”.

Testigo.

“José se fue al ejército cristero  con un joven llamado José Trinidad Flores. Ya en el ejército experimentaron las inclemencias de la vida militar, pero perseveraron en su ideal”.

Testigo.

“Los padres, cuando se podía, daban misa y rezábamos juntos, con José; cuando no había sacerdotes alguna gente nos llevaba la comunión”.

Testigo.

“Su vida de gracia santificante, de piedad y caridad, logró conseguir el aprecio (de los cristeros) y hasta le pusieron el mote de “Tarsicio”.

Dictamen de la Comisión de Historia. 119

“Mi general, tome usted mi caballo y sálvese; usted es más necesario y hace más falta a la causa que yo”.

Varios testigos.

“Las tropas federales hicieron prisioneros a José Sánchez del Río y a un joven indígena llamado Lázaro. Los llevaron maniatados hasta Cotija, Mich., en medio de golpes e insultos: ‘Vamos a ver qué tan hombrecitos son’”.

Testigo.

“En el altar del templo donde estaba preso (habían hecho del templo un cuartel) había unos gallos amarrados al manifestador, entonces José dijo: ‘ahí donde te ponen a ti, Señor, amarraron los gallos, fíjate que no’. Mató a los gallos”.

Varios testigos.

“Picazo pregunta a José: ‘Oye muchacho, ¿sabes lo que hiciste?’ Y José contestó: ‘Sí sé lo que hice; matar tres gallos’. El padrino le pregunta: ‘¿Sabes lo que valen?’. José le contesta: ‘Lo único que sé es que la casa de mi Padre Dios no es gallera”.

Varios testigos.

“Lázaro (joven que había sido apresado con José) no quería comer, pero José lo animó diciéndole: ‘Vamos comiendo bien, nos van a dar tiempo para todo y luego nos fusilarán. No te hagas para atrás; duran nuestras penas mientras cerramos los ojos”.

Varios testigos.

“El diputado Picazo le había dicho al papá de José que si le entregaba 5,00 pesos le entregaba a su hijo; mi suegro se fue a Guadalajara a vender algunas cosas y a pedir prestado para obtener esa cantidad. Cuando regresó ya lo habían matado y como no sabía que ya lo habían asesinado le entregó el dinero a Picazo y éste se quedó con él”.

Testimonio de una cuñada de José

“José fue obligado a estar junto al árbol y presenciar la muerte de su amigo. Entonces se dirigió a los verdugos y con gesto enfático les dijo: ‘¡Vamos, ya mátenme!’”.

Varios testigos.

“… los soldados lo desplantan de los pies con un cuchillo… No oí lamentos; sólo escuchaba la voz resignada de José; yo vi las huellas de sangre de las plantas de los pies en el portal llamado de Arregui… en el mesón también lo torturaron… lo traen caminando entre el empedrado hasta la boca del portal”.

Testigo

“En el camino al camposanto dicen que a cada puñalada gritaba: ‘¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!’. En el panteón sobre el sepulcro le dieron el tiro de gracia y todavía alcanzó a gritar ‘¡Viva Cristo Rey!’.

Testigo


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