El hijo de una madre generosa

Publicado el marzo 15, 2014 » Categoría: Destacados, Infantil |

Su familia era muy pobre. Cuando era niño murió su papá. Su mamá tuvo que trabajar para dar de comer a sus hijos. Darío la acompañaba hasta Jalapa, todos los días. Darío fue noble, tranquilo y reflexivo, dócil y servicial, bondadoso y responsable.

Con su madre se mostró siempre cariñoso.

Ayudó  como acólito.  Manifestó una devoción especial y una piedad firme.



El obispo de Jalapa llegó a Naolinco en una visita pastoral. Ángel Darío había sido invitado por unos amigos a una reunión vocacional, aquel jovencito sintió que su vocación era

el sacerdocio. Sin embargo, el obispo no lo seleccionó porque lo veía todavía muy joven.

Ángel contó a su mamá lo sucedido. Aquella buena madre, con gran generosidad y empeño, buscó el apoyo del Sr. Cura Miguel Mesa y llevó a su hijo a Jalapa con el Sr. Obispo, para suplicarle que lo recibiera en su Seminario. La señora Zurita logró que su hijo fuera aceptado.

A pesar de todas las dificultades, en el tiempo de la persecución religiosa, Darío siguió adelante, estudiando y preparándose al sacerdocio.


En 1929, el gobierno de México y los obispos mexicanos, llegaron a un acuerdo con el que se ponía fin a la lucha armada. Pero, al poco tiempo, el Gobierno continuó persiguiendo a los católicos que habían dejado las armas, y a los sacerdotes.

Ángel Darío fue ordenado sacerdote el 25 de abril de 1931. Fue enviado a la parroquia de la Asunción, en la ciudad de Veracruz.

El padre Darío se distinguió por su fervor y bondad, su preocupación por la catequesis infantil y dedicación al sacramento de la reconciliación.

El gobernador de Veracruz, Adalberto Tejeda, promulgó el decreto 197, Ley Tejeda, en la que ordenaba que en ese Estado debería haber  muy pocos sacerdotes, los demás tenían que salir del Estado de Veracruz.

Los sacerdotes, sabiendo que corrían peligro, se quedaron en sus parroquias. Así lo hizo el padre Darío.


El sábado 25, por la tarde, estaban muchos niños en la parroquia, en su clase de catecismo. Seis hombres de la policía secreta entraron al templo y dispararon contra los sacerdotes. El P. Landa fue gravemente herido, el P. Rosas se libró milagrosamente, al protegerse en el púlpito y el P. Darío, cayó al suelo, alcanzando a exclamar: “¡Jesús!”, antes de morir.

El padre Ángel Darío Acosta Zurita fue beatificado por el Cardenal Saraiva Martins el 20 de noviembre de 2005, en Guadalajara, Jalisco.

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