El heroico Mártir

Publicado el febrero 22, 2014 » Categoría: Destacados, Infantil |

Pedro Maldonado Lucero nació en la ciudad norteña de Chihuahua, Chih., el 15 de junio de 1892. De los nueve a los diecisiete años estudió en una escuela privada que dirigían los padres paúles.

A los 17 años ingresó al seminario de Chihuahua. Aquellos años de seminario fueron de penurias, la sociedad en general padecía hambre y los seminaristas no escaparon a esta situación, por ello, enfermaban con facilidad. Pedro sufrirá enfermedades a causa de una mala alimentación por el resto de su vida.

En 1914, a causa de la persecución a la Iglesia, se cerró el seminario, Pedro regresó a casa de sus padres, estuvo allí hasta 1918. Durante ese tiempo estudió música: piano, órgano y violín.

En 1918 regresó al seminario y fue enviado al seminario de El Paso, Texas, que recientemente había sido abierto para acoger a los seminaristas mexicanos que, por la persecución, no podían continuar su formación sacerdotal en su patria.


Después de ordenado sacerdote, el padre Pedro fue nombrado párroco de Santa Isabel en 1924. Se dedicó en especial a la formación catequística de niños; les enseñaba cantos, les ensayaba teatro y escenificaciones, con motivo de las fiestas religiosas.

Reorganizó las asociaciones parroquiales. Impulsó la Adoración Nocturna, la Adoración Perpetua al Santísimo Sacramento y las Hijas de María. Era apóstol incansable. Estaba siempre dispuesto a ayudar a todos.

La persecución religiosa anticatólica seguida de la lucha de los cristeros llegó también con fuerza a Chihuahua.

Murieron varios sacerdotes y muchos fieles católicos.


Durante los años de persecución religiosa -de 1926 a1929-, el padre Maldonado permaneció en su parroquia ejerciendo su ministerio fuera del templo, escondido en casas de personas que lo acogieron.

Después de los “arreglos”, del año 1929 al 1934 pudo dedicarse con celo a cimentar la fe de sus feligreses. El Gobierno de Chihuahua, como el de otros Estados de la República, continuó persiguiendo a la Iglesia. En 1934, el padre Maldonado, preso, maltratado y amenazado de muerte por la policía, fue desterrado a El Paso, Texas.

A escondidas, el padre Maldonado regresó a su parroquia. El 10 de febrero de 1937, Miércoles de Ceniza, celebró en una casa la Eucaristía, impartió la ceniza y se dedicó a confesar. Como a las tres de la tarde llegó un grupo de soldados armados y borrachos, buscando al padre; la gente avisó al padre para que huyera, lo escondieron en un cuarto abandonado en una huerta.

Aquellos hombres pidieron al padre que saliera y se entregara, y si no lo hacía quemarían la casa y a las personas que estaban allí. El padre Pedro se entregó de inmediato.. Aquellos hombres lo ataron y lo obligaron a caminar descalzo delante de los caballos. Las personas que estaban reunidas en el rancho lo iban siguiendo.


Lo llevaron a la presidencia, allí lo golpearon. Un pistoletazo dado en la frente le fracturó el cráneo y le hizo saltar el ojo izquierdo. Tenía la cara golpeada, los dientes quebrados, las manos arañadas y una pierna fracturada.


El sacerdote bañado en sangre, cayó casi inconsciente; el relicario se abrió y se cayeron las hostias. Uno de los soldados las recogió y con cinismo se las dio al sacerdote diciéndole: «Cómete esto».

En estado agónico fue trasladado a un hospital público de Chihuahua. Allí falleció, a las cuatro de la mañana del 11 de febrero de 1937, aniversario de su primera misa.


Numerosas personas, de toda la ciudad y de todos los poblados cercanos, asistieron a sus funerales.  Era el homenaje del pueblo fiel y paciente que sufrió, junto a su sacerdote, las injusticias de la persecución.

El Papa Juan Pablo II, el 21 de mayo de 2000,  canonizó al P. Maldonado, junto con 24 Santos Mártires más.

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