15 de agosto de 1926, Martirio de San Luis Batis, San Manuel Morales, San Salvador Lara y San David Roldán

Publicado el agosto 23, 2017 » Categoría: Destacados, Santos Mártires |

San Luis Batis San Manuel Morales San Salvador Lara San Davis Roldán Lara

 

El 30 de julio de 1926, último día de culto público antes de cerrarse los templos, LUIS BATIS dijo públicamente que el autor de las desdichas al clausurarse el culto no era el Gobierno, ni el Presidente Calles, sino los pecados de todos, y por lo mismo no debían los católicos levantarse en armas, ya que eso no era conducta cristiana.

Al recrudecerse los ataques del Gobierno contra las libertades humanas, especialmente contra la libertad de conciencia para practicar la religión, se formó en México una organización cívico-nacional con el nombre de Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa (L.N.D.L.R.) que mantenía la conciencia pública y se extendió por todo el país, reuniendo pronto a muchos católicos y alentándolos a trabajar unidos para obtener la reforma de las leyes de la Constitución, que habían sido condenadas como injustas por el Magisterio oficial de la Iglesia; sin mezclarse en política, según las orientaciones de la Santa Sede. Para el 1 de agosto de 1926, día en que se suspendieron los cultos, contaba la Liga con más de trescientos mil socios activos sólo en la ciudad de México.

En ésta situación nacional, el párroco de Chalchihuites, Luis Batis, alentó a los grupos de jóvenes y señores para que siguieran fomentando la vida cristiana de la comunidad y con ese fin celebraban varias juntas los socios de A.C.M.J., las congregaciones marianas, los padres de familia y la L.N.D.L.R., el señor cura los asesoraba recomendándoles siempre los medios pacíficos.

Personas de Chalchihuites, como el presidente municipal, Donaciano Pérez y su secretario el telegrafista J. Refugio García, mal pensaron que estas juntas eran para levantarse en armas contra el Gobierno y los denunciaron enviando cartas y telegramas a la ciudad de Zacatecas, al jefe de armas general Eulogio Ortíz y a las autoridades superiores del Estado, diciéndoles que el 15 de agosto los conspiradores se levantarían en armas. Con esta alarma el comandante de la zona militar envió a Chalchihuites un pelotón de soldados bajo el mando del teniente Blas Maldonado, del sexto batallón y llegaron en dos automóviles en la noche del 14 de agosto.

El señor cura se encontraba en la casa de los obreros, que le servía de habitación, porque al cerrarse los templos al culto público tuvo que abandonar la casa parroquial; sin embargo, él permanecía en el pueblo, sin vestir la sotana, usando traje de civil. Los soldados, guiados por los acusadores Donaciano Pérez y J. Refugio García, entraron a la casa y golpearon al señor Lorenzo Hidalgo. Al señor cura lo aprehendieron y lo llevaron a la oficina de recaudación de rentas.

La mañana del domingo 15 de agosto de 1926, MANUEL MORALES (Presidente L.N.D.L.R.), estando todavía en la cama, recibió el aviso de la prisión del señor cura. Junto con SALVADOR LARA PUENTE (Secretario de L.N.D.L.R), salieron rápidamente a reunir gente para ir ante las autoridades a gestionar la libertad del señor cura. Se presentaron ante los miembros de la junta vecinal, que se realizaba en la Botica Guadalupana. Estando en dicha reunión, llegaron los soldados con rifle en mano y gritaron: ”¡Manuel Morales!”, él dio un paso adelante y respondió con entereza cristiana: “¡A sus órdenes!”, los soldados respondieron a Manuel con un aventón y con el rifle lo golpearon en la espalda y cuello. Esa misma mañana, cuando ya se encontraba prisionero el cura Batis, DAVID ROLDÁN LARA, que era el vicepresidente de la L.N.D.L.R, estaba preparándose como era su costumbre a cumplir el precepto dominical, cuándo el grupo de soldados enviados por el general Ortíz de Zacatecas, fue a aprehenderlo. El joven salió sonriente y al pasar frente a la casa de uno de sus amigos, saludó con cortesía y alegría.

Era claro que el pueblo no intentaba tramar un complot contra el Gobierno, pues allí en la plaza de Chalchihuites estaba una gran multitud de personas ante once soldados y no respondieron con violencia a la agresión.

Los soldados se llevaron a los cuatro prisioneros por el camino hasta el puerto de Santa Teresa, Allí los bajaron y les dijeron -“Si ustedes reconocen la ley Calles, nada les pasará”- contestaron los cuatro –“primero morir”- porque ellos sabían que acatar las leyes persecutorias de la Constitución, urgidas por el presidente Plutarco Elías Calles, era falta de fidelidad a la Iglesia.

El señor cura les dijo: “Lo único que les ruego es que perdonen la vida de Manuel Morales en atención a los tres niños pequeños que tiene de familia. Yo ofrezco mi vida por él. Seré una víctima, estoy dispuesto a serlo”, vio que no le concedía y se despidió de él diciéndole: “Hasta el cielo”, Manuel dijo: “Deje que me fusilen, señor cura, YO MUERO PERO DIOS NO MUERE, ÉL VELARÁ POR MI ESPOSA Y MIS HIJOS”. Y levantándose el sombrero para que le dispararan en la frente gritó: “¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!, enseguida los soldados los mataron a balazos.

Salvador y David contemplaron la muerte heroica de su párroco y de su amigo Manuel después de recibir del sacerdote la absolución, luego los condujeron 160 pasos, hacia la falda de los cerros. Los jóvenes iban rezando. Salvador, se colocó al frente del pelotón y con la noble frente en alto, gritó al unísono de David: “Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe”.


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